¿Eres de los que empollan o de los que aprenden?

29.05.2021

Durante toda la vida, los roles en clase han sido siempre los mismos. El alumnado que tiene muchas amistades, el que destaca por su faceta de deportista tanto dentro como fuera del centro escolar, el que suspende todo porque no trabaja, el que suspende aunque se esfuerza mucho y, cómo no, el alumnado que saca muy buenas notas y luego se le olvida lo aprendido y la persona que estudia, aprende y retiene para su día a día.

En muchas ocasiones, el método de estudio que prima en los colegios e institutos es el de leer, repetir, aprender, "vomitar" en el examen y olvidar. ¿Para qué nos sirve esto? Para nada. ¿Por qué ocurre? Porque no se motiva a los estudiantes sino que se les enseña que deben aprender "porque sí, porque es lo que debe ser" tal y como una persona adulta podría justificar su opinión con un "porque lo dice tu padre/madre".

Se enseñan cosas sin preguntar previamente qué opina la persona, cómo pueden averiguar determinadas cosas (pueden preguntar a los familiares, a las amistades, buscar en Internet y en libros, ver si hay diferentes opiniones al respecto...). Las personas aprendemos cuando tenemos una necesidad. Si cuando somos bebés tenemos sed, señalamos el agua y las personas adultas nos la dan, aprenderemos que, señalando, aun sin haber aprendido a hablar, conseguiremos saciar nuestra sed. Si para comprar una comida que nos gusta necesitamos saber cuánto cuestan, cuánto dinero llevar encima y si nos deben devolver, entonces aprenderemos que el cálculo mental es necesario en nuestra vida para resolver aquellos problemas que realmente nos importan en la infancia. Y en la adolescencia es aconsejable que aprendan a planificar a largo plazo cómo van a ahorrar para comprarse el último modelo de smartphone que tanto quieren.

¿Este tipo de aprendizaje depende de la escuela o de las familias? Del trabajo conjunto. En el centro escolar se puede aprender de esta forma en los cursos más básicos como Educación Infantil y Primaria. Ya en Secundaria, debido a la gran cantidad de contenido, es probable que el profesorado se vea agobiado por la falta de tiempo. Por otro lado, no sirve de nada que intenten motivar al alumnado si en casa no fomentan la curiosidad y la autonomía ya desde la primera infancia. El adolescente que planificaba ahorrar para comprar su móvil puede no necesitar hacerlo si la familia se lo compra todo sin ningún esfuerzo. La alumna de Primaria que quiere aprender a comprar algo en el quiosco puede sentir que no necesita saber hacerlo con el pensamiento de "a mí es que me lo compran mis padres".

Pero no solo en la infancia se puede aprender en lugar de empollar. También en la adultez estamos a tiempo de aprender de verdad, de aprender significativamente. La vida está llena de aprendizajes continuos a nivel interpersonal, laboral y emocional.


¿Y tú? ¿Empollas o aprendes? ¿Ayudas a que empollen o aprendan?



Mónica Blasco.