Relaciones sexuales dolorosas, cuando el miedo entra en la cama…

17.10.2020

"Deseo tener relaciones y me siento excitada cuando me acaricia y besa el pecho, el cuello, la espalda... pero cuando sus manos se acercan a mi pubis y siento próximo un nuevo intento de ser penetrada, noto cómo las piernas se me ponen rígidas como un tronco de madera. El coito se hace imposible, el miedo al dolor me atrapa y se apodera de mi cabeza y de mi vulva. Me "cierro" y cualquier intento es doloroso y dispara la ansiedad".

Este relato podría ser compatible con la historia de muchas mujeres en las que la experiencia del coito puede ser angustiante y dolorosa. Cuando las relaciones sexuales resultan dolorosas es posible que se vean afectados tarde o temprano otros elementos como el deseo sexual, la excitación, la autoestima o la propia relación de pareja; pues es común empezar a evitar las relaciones sexuales o mantenerse en silencio y "soportar" esta situación manteniendo relaciones sexuales insatisfactorias. No ayuda tampoco la trayectoria cultural de la que venimos en la que la sexualidad femenina era vista como algo secundario, y el placer de la mujer relegado, o incluso falsas creencias en torno a la inevitabilidad del dolor y su normalización.


La existencia de dolor es indicativo de que algo no va del todo bien y es preciso realizar un examen ginecológico que localice el origen y pueda descartar otras patologías que pudieran estar detrás del mismo (procesos tumorales, atrofias, endometriosis, inflamaciones, infecciones, etc...)


Tradicionalmente se han diferenciado dos tipos de trastornos relacionados con el dolor en las mujeres, la dispareunia y el vaginismo:


La dispareunia se ha definido como dolor genital asociado al coito. En esta circunstancia sí que puede realizarse el coito, pero éste se hace con molestias y dolor. Su causa suele estar asociada a procesos orgánicos, pero no siempre es así.


En cambio, el vaginismo se describe como la contracción involuntaria de los músculos perineales que rodean la vagina ante la inminencia del coito, hecho que impide la penetración. Las mujeres con vaginismo no sólo tienen dificultades en la introducción dell pene, también pueden mostrar imposibilidad de usar tampones. Este hecho puede llevarlas a evitar acudir a consultas de ginecología con el riesgo que ello supone. En la base de este trastorno suele aparecer el miedo al dolor.



No siempre ha sido fácil distinguir estos trastornos y en la actualidad ambos se integran en el denominado trastorno de dolor genito-pélvico/penetración que el DSM-V describe como: dificultades en la penetración vaginal durante las relaciones sexuales ocasionadas por la aparición de dolor en la zona vulvovaginal o pélvica. Pudiendo aparecer el dolor antes, durante o después de las relaciones sexuales. Así como un gran miedo y ansiedad a sufrir dolor ante la penetración vaginal.


Centrándonos en las situaciones en las que el miedo a sentir dolor en la penetración está en la base del trastorno, el origen de este miedo es particular del proceso de aprendizaje y la historia personal de cada mujer, así, elementos como una educación sexual deficitaria, religiosamente estricta, traumas sexuales, desconocimiento de la propia respuesta sexual, mantener falsas creencias sobre la sexualid constituirse como la base sobre la que se genera el problema, normalmente esta "base" o mejor llamados "antecedentes" facilitan que ante la aparición de un "detonante" se inicie dicha dificultad. Los detonantes son eventos desde los que podemos detectar el inicio del problema: una experiencia negativa, un problema de salud que provoca un dolor puntual y que deriva en la aparición del miedo, una agresión, etc...; aunque no siempre tiene que haber un detonante que inicie esta dificultad, si no que ésta siempre estuvo ahí:


Imagina una joven pareja heterosexual con escasa educación sexual, desconocedora incluso de su propia respuesta sexual y que mantiene creencias falsas como que la primera relación sexual debe ser dolorosa. En este panorama no es fácil ver el estado de ansiedad ante el que se expone la chica: "me va a doler, me va a doler....", esta ansiedad "desconecta" el sistema sexual, hace difícil la lubricación y pone en tensión gran parte de la musculatura que se necesita relajada para que el encuentro sea satisfactorio; por lo tanto intentar el coito en estas condiciones lo más seguro es que produzca dolor, incluso esa tensión haga inviable la penetración. Y así quedan cumplidas las expectativas de ella y reforzado un miedo que seguramente vuelva a surgir en la siguiente oportunidad.

Este relato podría ser compatible con la historia de muchas mujeres en las que la experiencia del coito puede ser angustiante y dolorosa. Cuando las relaciones sexuales resultan dolorosas es posible que se vean afectados tarde o temprano otros elementos como el deseo sexual, la excitación, la autoestima o la propia relación de pareja; pues es común empezar a evitar las relaciones sexuales o mantenerse en silencio y "soportar" esta situación manteniendo relaciones sexuales insatisfactorias. No ayuda tampoco la trayectoria cultural de la que venimos en la que la sexualidad femenina era vista como algo secundario, y el placer de la mujer relegado, o incluso falsas creencias en torno a la inevitabilidad del dolor y su normalización.


La existencia de dolor es indicativo de que algo no va del todo bien y es preciso realizar un examen ginecológico que localice el origen y pueda descartar otras patologías que pudieran estar detrás del mismo (procesos tumorales, atrofias, endometriosis, inflamaciones, infecciones, etc...)


Tradicionalmente se han diferenciado dos tipos de trastornos relacionados con el dolor en las mujeres, la dispareunia y el vaginismo:


La dispareunia se ha definido como dolor genital asociado al coito. En esta circunstancia sí que puede realizarse el coito, pero éste se hace con molestias y dolor. Su causa suele estar asociada a procesos orgánicos, pero no siempre es así.


En cambio, el vaginismo se describe como la contracción involuntaria de los músculos perineales que rodean la vagina ante la inminencia del coito, hecho que impide la penetración. Las mujeres con vaginismo no sólo tienen dificultades en la introducción dell pene, también pueden mostrar imposibilidad de usar tampones. Este hecho puede llevarlas a evitar acudir a consultas de ginecología con el riesgo que ello supone. En la base de este trastorno suele aparecer el miedo al dolor.


Por otra parte, en periodos de cambios vitales como el climaterio, en el que pueden aparecer dificultades de lubricación y ésta se hace más lenta en aparecer, es fácil que el coito pueda resultar molesto. No pocas mujeres llegadas a esta etapa renuncian al contacto sexual, lo evitan, o peor, "aguantan" sin comentar nada y se resignan al mismo. Hablarlo con la pareja, apoyarnos en lubricantes o darnos un mayor tiempo para la excitación suelen ser indicaciones adecuadas para superarlo.


Ante una experiencia dolorosa, forzarnos a mantener relaciones no es la mejor opción, pues cabe el riesgo de agravar el problema ya que seguramente la experiencia sea del todo displacentera y se genere mayor aversión. Es importante buscar ayuda profesional, los tratamientos sexológicos han demostrado eficacia suficiente en el tratamiento de estas dificultades, pudiendo abordarlo tanto de forma individual como en pareja.

Para terminar, es importante reflexionar sobre lo sobrevalorado que está el coito en nuestra cultura; sin duda es una conducta altamente gratificante pero no es la única, ni la preferida de todo el mundo. Paradójicamente, algunas parejas en las que la mujer presenta estas dificultades han desarrado un rico abanico de conductas sexuales muy placenteras alternativas al coito, y sólo acuden a terapia cuando desean tener un/a hijo/a.



Juan Miguel Fernández.


Fuentes

American Psychiatric Association (APA) (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5.th ed. [DSM-5]). Madrid: Editorial Médica Panamericana.

Cabello, F. (2010). Manual de sexología y terapia sexual. Madrid: Síntesis.

Castelo-Branco, C. y Molero, F. (2019). Manual de sexología clínica. Madrid: Editorial Médica Panamericana.