La importancia de una buena evaluación psicológica

En la actualidad, cada vez es más habitual recibir consultas de personas, tanto menores como personas adultas, que acuden buscando respuestas sobre lo que les ocurre. A menudo llegan con una sospecha muy clara: "creo que tengo TDAH", "siento que soy autista" o "me cuesta estudiar, quizá tengo dislexia".
Sin embargo, en psicología clínica existe una máxima fundamental que guía un buen proceso diagnóstico: quien tiene un martillo solo ve clavos. Si nos centramos únicamente en un diagnóstico, es muy probable que empecemos a ver indicios de ese mismo diagnóstico en todas partes. Y es aquí donde radica el peligro de una evaluación superficial o sesgada.
El proceso de evaluación: De fuera hacia dentro
Una evaluación psicológica rigurosa debe entenderse de fuera hacia dentro. Esto significa que no es aconsejable empezar buscando confirmar una hipótesis concreta, sino abriendo el embudo para observar a la persona en su globalidad.
Cuando evaluamos a un menor o a una persona adulta buscando un posible TDAH, no es extraño encontrarnos con realidades superpuestas o completamente distintas:
- Descubrimos una alta capacidad intelectual que camuflaba el déficit de atención (o viceversa, un aburrimiento crónico que imita la desatención).
- Identificamos dificultades específicas de aprendizaje (antigua dislexia o discalculia) que generan fatiga mental y frustración.
- Hallamos rasgos del espectro del autismo.
- O, muy frecuentemente, nos encontramos ante una combinación de varias de estas condiciones.
Por este motivo, sabemos cuándo empezamos el proceso de evaluación, pero no cuándo lo terminamos. La duración y el rumbo de la evaluación dependen directamente de las puntuaciones, los datos y las hipótesis que van emergiendo sesión tras sesión. No se trata de marcar casillas en un cuestionario rápido, sino de hilar fino.
¿Por qué mandamos cuestionarios a casa?
Una buena evaluación requiere una batería amplia de pruebas, escalas y herramientas. Para optimizar el proceso, desde el inicio mandamos cuestionarios para casa.
Esta estrategia cumple un doble objetivo fundamental:
- Adelantar tiempo clínico: Permite recopilar información valiosa de diferentes contextos (familiar, personal, ámbito académico…) antes de las sesiones presenciales.
- Reducir costes de evaluación: Al agilizar la recogida de datos estandarizados previos, optimizamos las horas de consulta presencial, reduciendo el coste económico total del proceso diagnóstico sin restar rigor científico.
La dificultad añadida en la edad adulta: Personalidad vs. Neurodivergencia
En los últimos años hemos experimentado un notable aumento de personas adultas que acuden a consulta para ser evaluadas. Se trata de personas que llevan arrastrando una sensación de incomprensión toda su vida, que se han sentido "personas rotas" o "diferentes" sin entender por qué.
En esta población, la evaluación clínica se vuelve todavía más compleja. Al hacer un diagnóstico diferencial entre TDAH, dislexia, altas capacidades, etc., es imprescindible incluir la evaluación de la personalidad ya que algunos diagnósticos o rasgos de personalidad comparten una sintomatología muy similar en lo que respecta a las funciones ejecutivas.
La desregulación emocional, la impulsividad, la dificultad para planificar, la inconstancia en los proyectos o la gestión del estrés pueden ser la consecuencia de un TDAH, pero también pueden formar parte de patrones de personalidad específicos (como los perfiles desregulados o evitativos).
Confundir la base del problema lleva a intervenciones erróneas. Una persona no necesita que le traten únicamente los síntomas superficiales; necesita entender el origen de su funcionamiento.
¿Por qué es tan importante este proceso?
Las personas adultas que acuden a consulta tras años de incomprensión se merecen saber cómo son. No desde la etiqueta limitante, sino desde la autocomprensión.
Cuando ponemos nombre a lo que ocurre, la culpa desaparece y se transforma en validación. Y lo más importante: una evaluación profunda y certera permite identificar qué herramientas concretas le vienen bien a su cerebro específico para poder regularse, gestionar su día a día y recuperar su calidad de vida.
Porque la evaluación no es el final del camino, es el mapa que por fin le permite a la persona entender su propio manual de instrucciones.
Mónica Blasco.